Llegamos por la mañana al aeropuerto de Ammán, donde recogimos el coche de alquiler. El primer choque cultural fue que en Jordania los coches no están pitando continuamente como en El Cairo, lo que me hace difícil saber por dónde vienen los demás vehículos. Tendré que usar los retrovisores como antiguamente.
Una vez nos hicimos con el coche, emprendimos camino a Petra. Por el camino pudimos observar la gran cantidad de 'nada' que hay en el desierto.

Foto de Miguel de Pereda
Llegamos sin muchos problemas a Wadi Musa (el pueblo junto a Petra), dejamos el equipaje en el hotel y nos fuimos a ver la Pequeña Petra, que es como la versión de Petra para niños. Está bien y el atardecer allí es bonito, pero después de ver Petra, de eso casi ni me acuerdo.


Foto de Miguel de Pereda
De lo que sí me acuerdo es de mis vaqueros que pasaron a mejor vida allí por hacer el ninja entre las rocas. Bonito agujero el que apareció en la zona de la entrepierna.
Casualmente esa noche organizaban lo que llaman 'Petra by night' y no nos lo quisimos perder. Se trata de una visita nocturna a Petra en la que iluminan con velas el cañón de la entrada y la explanada frente al 'Tesoro' (la fachada que sale en la peli de Indiana Jones). El recorrido por el cañón (Siq) es impresionante. Después hacen un miniespectáculo que sirve para justificar el precio de la entrada y poco más.

Al día siguiente madrugamos para ver Petra de día. Volvimos a recorrer el cañón, pero esta vez pudimos apreciarlo en toda su magnitud, incluyendo muchos detalles que por la noche habíamos pasado por alto. Al aproximarse el final, se comienza a ver la imponente fachada que ocupa casi todas las portadas de las guías y folletos de Jordania. Ni el olor nauseabundo del pis que soltó el camello que teníamos al lado consiguió arruinarme ese momento mágico.

Nos metimos una buena paliza por la ciudad, subiendo y bajando montañas todo el día, pero mereció la pena. Yo creía que Petra era la fachada famosa y tres restos menores, pero nada que ver. Aquello es una ciudad completa, con infinidad de edificios (o fachadas, mejor dicho) y hasta un teatro. Uno se pregunta cómo sería Petra en sus tiempos de máximo apogeo y le dan ganas de viajar en el tiempo para comprobarlo.

Foto de Miguel de Pereda

Durante todo el día pudimos comprobar cómo Pollo no ha perdido tirón, sobre todo entre los niños. Más de uno me pidió que lo sacase de la mochila, desde donde asomaba la cabecita, y muchos niños me lo intentaron comprar.

Foto de Miguel de Pereda

Foto de Miguel de Pereda
- Give me! Give me!
- No, sorry - les decía yo.
- How much?
- Pero a ver niña, ¿tú venderías a tu hermano, por ejemplo?
- ... How much?
- Pues eso.
Nota: Durante este viaje he compartido cámara con mi padre, Miguel. Intentaré indicar qué fotos no son mías, siempre que la memoria no me juegue malas pasadas.

1 comentario:
Gran Héctor, ya que no puedo comer contigo leo tus viajes.
Espero que estés bien y no te hayas tenido que ir con Mubarak.
Un saludo.
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