domingo, 2 de mayo de 2010

Sucre y La Paz

Desde Potosí cogimos un autobús a Sucre, la capital judicial de Bolivia. Allí no hay mucho que hacer, aparte de pasear para conocer la ciudad y sus gentes.


Se suponía que uno de los atractivos de la ciudad es su vida nocturna, pero al parecer se limita al fin de semana y nos quedamos con las ganas de tener un poco de fiesta.


Al final Sucre nos dejó un sabor agridulce porque la ciudad es bonita, pero después de todo lo que hemos visto en Bolivia, te sabe a poco.


Al día siguiente partimos hacia La Paz, la capital más alta del mundo. Lo primero que choca de La Paz es que parece encajada en un valle, con ambas laderas plagadas de casas. Entre la altitud y lo empinadas que son las calles, la gente que vive en las laderas deben de ser fantásticos atletas.


La otra cosa que me ha impresionado de La Paz es la cantidad de cocaína que circula. Mucha gente viene y se queda en La Paz exclusivamente para consumir cocaína barata. Diría que los que no tomamos somos minoría, por lo que salir de juerga se hace un poco aburrido cuando todo el mundo a tu alrededor parece un zombi. Una lástima.

En La Paz nos estamos quedando en Wild Rover Hostel, que parece una embajada irlandesa/británica. El sitio está muy bien y tiene un bar irlandés muy animado en el que sirven una comida bastante decente. Eso sí, comida británica. Aquí, si no hablas inglés estás perdido.


Tampoco hay mucho que visitar en La Paz, aparte del mercado de las brujas y la catedral. En el mercado venden fetos de llama disecados. Es un poco asqueroso. A ver si averiguo para qué los venden.

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