El viaje empezó de forma accidentada, pues teníamos que ir al aeropuerto a las 5 am y no encontrábamos a Christian, que se había quedado dormido en una cama equivocada después de salir de fiesta. No nos quedó otra que irnos sin él.
Cuando vimos el avión nos acongojamos un poco porque era minúsculo y de hélices. Tenía una capacidad para 18 pasajeros. Aunque lo que más miedo da es la pista de tierra y hierba en la que aterrizamos:

Por lo menos en el tour había un par de chicos que conocía del albergue. Son un inglés negro y un australiano blanco, los dos gigantes. Están como una cabra, pero a cambio de servirles de traductor me dieron permiso para llamarles chocolate bear (oso de chocolate) y vanilla bear (oso de vainilla). Quien haya visto Scrubs, lo entederá. Yo tan feliz.
Aquí se ve cómo la barca está ladeada porque estaban los sentados en el mismo lado (primero y último a la derecha):

El día que llegamos navegamos por el río hasta el campamento. Llovió durante 30 minutos como si estuviéramos debajo de la ducha y todas nuestras cosas se empaparon. Aparte de eso, la navegación por el río es espectacular. Pudimos ver cientos de caimanes y cocodrilos, algunos bastante cerca:

Pollo no perdió la oportunidad de demostrar lo valiente que es:

También había multitud de pájaros extraños, tortugas, delfines rosas de agua dulce, una especie de ratas gigantes, monos amarillos...





Como os podréis imaginar, hice millones de fotos.
Por la tarde llegamos al campamento, donde nos esperaba una rica cena. La comida nos ha sorprendido por lo buena, sobre todo teniendo en cuenta que estábamos en medio de la selva. Los baños eran un poco rudimentarios y cuando se acababa la gasolina del generador, nos quedábamos sin luz eléctrica (a eso de las 10 pm).
Después de cenar fuimos a buscar cocodrilos en la oscuridad. Si apuntas a un cocodrilo con una linterna sus ojos brillan, por lo que es fácil detectarlos. Vimos bastantes ojos brillantes y una colonia de crías de cocodrilo, de unos 10-15 cm. Una monada. Aunque casi lo más divertido eran los gritos de chocolate bear, que se acojonaba cada vez que nos acercábamos a algún bicho. Parece mentira lo grande que es y lo miedica que es.
Al día siguiente nos pusimos unas botas de goma y fuimos a buscar anacondas. Por esa zona hay sólo anacondas "pequeñas", de 3 o 4 metros. Estuvimos unas 3 horas andando por el barro, pero ni rastro de las anacondas. Lo único que vi fue un maldito sapo. Después le saqué a uno de los guías que ahora no es temporada de buscar anacondas y que es prácticamente imposible encontrarlas, pero lo hacen porque a los turistas les hace ilusión.

Por la tarde fuimos a pescar pirañas con anzuelo. Hicimos una competición por nacionalidades para ver quién pescaba más pirañas. Como no podía ser de otra manera, España arrasó con 3 capturas, seguida de Australia y Reino Unido (1 captura cada uno), y Holanda (0 capturas). Y eso que ingleses había tres y holandesas dos.

La sorpresa del día fue que al volver al campamento por la noche Christian nos estaba esperando allí. Por lo visto había perdido el avión por 5 minutos y había tenido que coger el siguiente y llegar al campamento con el grupo del día siguiente.
El último día se suponía que íbamos a nadar con los delfines rosas (además de las pirañas y los cocodrilos), pero no hacía muy buen tiempo y decidimos suspenderlo y volver a pescar. Al parecer los guiris se quedaron con ganas de revancha. Esta vez pesqué también tres pirañas, pero una chica inglesa me igualó. Además pesqué dos peces gato, pero esos no contaban en el marcador.

2 comentarios:
Qué pasada las fotos.
Hi,
El pájaro es raro es un Shansho y el roedor un Ronsoco. Al menos así los llamaban en Inkaterra.
La verdad es que son una pasada las fotos.
¿A qué hora llegas el viernes?. Nosotros nos vamos el finde de viaje, pero podemos quedar a cenar el domingo.
Agur!
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