En la frontera coincidimos con tres personas que conocíamos de Córdoba y a los que decidimos unirnos. Así que ahora nuestro grupo está formado por: un australiano, una suiza de origen salvadoreño, una brasileña de origen japonés, un caballero inglés y un madrileño de pura cepa. Bastante internacional, ¿no?
Una vez pasamos la frontera, cogimos un bus a Tupiza. Lo mejor del viaje fue el vendedor que dio toda una charla sobre enfermedades óseas y cómo su maravillosa crema a base de hoja de coca podía curar todos nuestros males. También puede evitar que nuestros hijos se orinen en la cama, incluso si tienen uso de razón. Todo un showman.
En Tupiza nos alojamos en un hotelito familiar muy apañado, mucho mejor de lo que nos esperábamos en Bolivia. Fuimos a comer algo a un restaurante local, pero con cuidado de lo que pedíamos, porque en los pueblos bolivianos lo de conservar la carne y el pollo en neveras no se estila. Cuando paseas por las calles puedes ver cómo tienen los pollos encima del mostrador, con un calor de justicia. Dependiendo del color del pollo (desde blanquito a amarillo chillón) puedes averiguar cuánto tiempo lleva el pollo ahí.
Después de reponer fuerzas, fuimos a dar un paseo a caballo por los alrededores de Tupiza. El paisaje es árido, pero muy hermoso. Las rocas tienen infinidad de tonalidades y formas de lo más curiosas. Me costó menos de lo esperado "dominar" a mi caballo Pancho. Incluso galopamos en un par de rectas. ¡Fue muy emocionante! Ahora que no me lee mi madre, puedo contar que casi me mato porque mi caballo se tropezó cuando iba cabalgando. Su cabeza llegó a tocar el suelo, pero por suerte ni él ni yo perdimos la verticalidad. De todas formas, me llevé un buen susto.
Por la noche salimos a conocer la movida tupicina. Lo pasamos bien, pero tampoco había mucho donde rascar.
El sábado lo dedicamos a pasear por Tupiza y hacer el viaje en tren de unas 6 horas que separa Tupiza con Uyuni, nuestro siguiente destino. Llegamos un poco tarde, pero nos animamos a salir a tomar una cerveza. Fuimos a un bar local, donde conocimos a un tal José, que es guía turístico, y nos estuvo contando cómo es la vida de Uyuni. Fue muy interesante. El que no fue tan interesante fue su amigo borracho, que me dijo como 40 veces que "El Evo" está bien, pero que está enfrentando a los campesinos con la gente de las ciudades, amén de querer cambiar el nombre al salar de Uyuni, y eso sí que no.
Después de una velada tan especial, al día siguiente estábamos ansiosos de conocer el famoso salar. Por el camino hicimos una parada en el cementerio de trenes y en un mercado de artesanías hechas con sal, donde Pollo hizo un par de amigas:
El salar tiene una superficie de 12.000 km2 y eso es prácticamente todo lo que puedo contar aparte de que es una esplanada cubierta de sal. Sólo se ve sal, mires donde mires.
Lo divertido del salar es que la gente hace fotos jugando con la perspectiva, aprovechando que no hay referencias. A mi cámara se le estropeó el autofocus, pero aún así conseguimos hacer alguna graciosa:
Por la noche fuimos a cenar a una pizzería que tenía música en directo y una especie de compeción de origami. Nuestra amiga brasileña/japonesa hizo una garza que tuvo muchísimo éxito. Tanto, que a la salida del restaurante un grupo de chicas adolescentes bolivianas le pidieron hacerse una foto con ella. ¡No os imaginais lo emocionadas que estaban!
Siguiente estación, Potosí.

7 comentarios:
>>Se suponía que habrían las oficinas a las 7 am
¡¡Aghh!! ¡Mis ojos!
Ufff... Lo siento.
Jajajajaja ... Cómo me he reido viendo las fotos :D :D.
Buen equipo os habéis juntado... no sé a quien me recuerdan.
Sigue portante así de bien.
Mucho ojito con NMLLG.
Un beso.
PD: Te he llamdo muchas veces y nunca me lo coges :(.
¿Cómo habeis puesto a pollo volando en medio del grupo?
PYSB
Le sujetamos con la correa de una cámara y luego la borramos con el Paint.
Como le mola a pollo restregar cebolleta en nucas ajenas.....
¿Cuándo vuelves?
Ya te digo...
El 7 de mayo estoy en Madrid.
Publicar un comentario