viernes, 16 de abril de 2010

Salta, Salta, Salta...

¡Menudos tres días hemos pasado en Salta! He estado con el australiano (Christian) y dos holandesas que también estaban en el albergue de Córdoba (Eveline y Eline). Hemos formado un buen equipo y nos lo hemos pasado genial.

El viaje en bus no fue tan bien, porque dos horas antes de llegar a Salta, una llanta se rompió y tuvieron que cambiar la rueda. Yo ni me enteré del asunto porque estaba dormido, pero en un momento me desperté y estábamos en una estación de servicio perdida de la mano de Dios.


Una vez resuelto el incidente, emprendimos la marcha y llegamos a Salta con un par de horas de retraso. Como Chris y yo no habíamos buscado albergue, se nos ocurrió que sería una gran idea dejarnos guiar por dos holandesas que parecían mucho más organizadas que nosotros... y por qué no decirlo, más guapas también. Nos dijeron que habían localizado un albergue con piscina, lo cual nos pareció estupendo. Lástima que jamás la usamos.

Una vez instalados, salimos los cuatro a comer y dar una vuelta por la ciudad. En general nos ha gustado, pero hay una mezcla un poco extraña de edificios coloniales muy bonitos con edificios más modernos bastante horribles. Esta es la catedral de Salta:


Dentro de la catedral hay un cartel que nos hizo mucha gracia, junto a la pileta del agua bendita:


Acojona un poco, ¿no?

Por la noche cenamos en el albergue, ya que había un asado. Después de cenar nos ofrecieron un espectáculo de música local, que se llama samba, pero no tiene nada que ver con su homónima brasileña. En la última canción la bailarina (guapísima, por cierto) me sacó a bailar con ella. Le di un par de vueltas a la chica e intenté seguir el ritmo. Con eso, las holandesas se quedaron asombradas por mis habilidades de baile. En fin... ¡habrá que ver cómo bailan los holandeses!

Al día siguiente Chris, Eveline y Eline hicieron un tour a Cafayate. Yo no fui con ellos porque pienso parar allí en mi recorrido de vuelta hacia Buenos Aires. En cambio, fui a visitar la Quebrada de San Lorenzo, que es una especie de valle con muchísima vegetación, cientos de mariposas, arañas y algún caballo. También vi una serpiente verde de casi un metro. Después me dijeron por aquí que no son venenosas, pero a partir de ese momento estuve bien atento de dónde pisaba.


Cuando estaba andando por allí me crucé con apenas cuatro personas, pero una de ellas era un cura, con sotana y todo. Entre el aspecto de selva y el cura, por un instante pensé que estaba en la isla de Lost.

El miércoles lo dedicamos al Tren a las nubes. El tren sale a las 7:05 am y vuelve (supuestamente) a las 23:30. Durante el recorrido se atraviesan todo tipo de paisajes, desde lo más verde a los más seco. Lo que más llama la atención son las montañas de minerales de diferentes colores: amarillo, verde, rojo, gris... Los que conozcan el desierto de Atacama, se podrán hacer una idea.

Pollo se lo pasó genial, sobre todo por la buena compañía:


Eline y Eveline fueron proclamadas las chicas más guapas del vagón por el personal del tren. Aquí no se cortan a la hora de mirar a las mujeres. A veces se pasan tres pueblos.

El tren llega hasta una altitud de 4.200 metros sobre el nivel del mar. Para que os hagáis una idea, Cuzco está a 3.350 metros y ya la gente se marea. Para evitar el mal de altura, esta vez no teníamos las míticas Sorochepils, pero en el tren nos dieron hoja de coca para masticar. En realidad no se mastica, sino que se coloca junto a la encía durante una o dos horas. Aquí está Pollo dándole a la coca:


Afortunadamente, nadie de nuestro vagón se sintió indispuesto, pero nos dijeron que era bastante raro. Por si acaso, había un vagón enfermería y una ambulancia siguiéndonos durante buena parte del recorrido. Además, también nos escoltaban cuatro 4x4 de seguridad que bloqueaban todas las carreteras por las que pasaba el tren y una locomotora de reemplazo. Todo muy bien preparado.

A eso de las 3 de la tarde llegamos al punto culminante de la excursión, que es el viaducto de La Polvorilla. Lo peculiar que tiene este viaducto, además de la altitud a la que está, es que está en curva. A mí esto no me impresionó mucho porque paso a menudo por la estación de metro Quintana, que también está en curva, pero al parecer a los ingenieros les llevó nada menos que 3 años hacer todos los cálculos de la estructura. Ahora Jaime lo haría en 20 minutos con AutoCad.


El viaje de regreso fue muy divertido porque cuando se hizo de noche y no había paisaje que admirar, en el tren organizaron unas cuantas actividades. Entre ellas, un mago, un show de música y un karaoke!! He de decir que nosotros cuatro fuimos los que más animamos el cotarro. Quizás ayudasen el par de botellas del vino que nos tomamos del vagón restaurante. Fuera como fuese, Christian y yo lo petamos cantando New York, New York.

Nos hicieron rellenar un crucigrama con preguntas sobre lo que habían estado contando los guías durante todo el día. Obviamente no nos acordábamos de nada, pero imaginación no me faltó para inventarme casi todos los nombres. Después eligieron uno al azar, para darle un premio. Yo fui el afortunado, pero claro, la chica se puso a leer lo que había escrito y se partía de risa. Usé la técnica de Noé de "En España es así" para explicarles que las respuestas estaban bien, pero que nosotros llamamos a las cosas de diferente forma. Después de amenazarles con denunciarles por discriminación, me proclamaron ganador del concurso. El premio: un bocadillo de milanesa y una Coca-Cola. Insuficiente para los méritos que había hecho, pero bueno... tampoco me iba a quejar.

También nos dieron un diploma por haber llegado y sobrevivido a tal altitud. La ceremonia fue muy emocionante. Creo que voy a poner el diploma en mi despacho. ¡Por fin mi madre podrá sentirse orgullosa de su hijo!

Lamentablemente, hoy las holandesas nos han dejado para ir a las cataratas de Iguazú. Christian quiere ir a Bolivia porque se va a juntar allí con unos amigos. Yo había pensado quedarme unos días más por aquí, pero prefiero ir con él a Bolivia a ver el salar de Uyuni y dejar Jujuy para la vuelta. Aparte de que lo paso bien con él, siempre tranquiliza viajar por un país como Bolivia con un tipo que juega al fútbol australiano en vez de solo. En conclusión, esta noche cogemos un autobús hacia la frontera. ¡A ver qué tal nos reciben los bolivianos!

1 comentario:

Matías dijo...

Que ganas que tengo de ir a Salta! Ojala salgan pronto mis vacaciones y pueda disfrutar de esta fascinante destino. Si conocen alguna pagina de Hoteles en Salta les agradecería. Saludos