viernes, 30 de abril de 2010

Potosí, la ciudad más alta del mundo


Después de un pesado viaje en bus por las no muy recomendables carreteras bolivianas, llegamos a la ciudad más alta del mundo: Potosí. Está nada menos que a 4.020 metros sobre el nivel del mar. A priori no se nota nada raro, pero cuando subes alguna de las calles cuesta arriba, enseguida te empieza a faltar el oxígeno.

La primera noche salimos a tomar algo y a la vuelta Christian se mareó, se quiso apoyar en las escaleras de una iglesia, perdió el conocimiento y se cayó de bruces en los escalones. Se hizo una herida bastante maja, pero enseguida se levantó haciéndose el machote y regresamos al hostal sin problema. Eso sí, después de que le pasase esto a Christian, que es el que más en forma está del grupo, todos nos tomamos lo de la altitud más en serio.

Al día siguiente fuimos a visitar las minas de plata. Las minas llevan funcionando desde la época colonial y son el motor de la economía de la ciudad. Su riqueza en minerales es el origen de la frase "Héctor vale un Potosí", que tantas veces habréis oído. En la visita se puede comprobar en qué pésimas condiciones trabajan los mineros actualmente, y se puede comenzar a intuir cómo trabajaban en la época colonial española, cuando los mineros estaban durante 80 días dentro de la mina. Ahora permanecen dentro durante 8 horas sin comer y sin usar mascarillas porque les impiden respirar. Que se reúnan a venerar al diablo mascando coca, bebiendo alcohol de 96 grados y fumando dentro de la mina tampoco les debe de hacer mucho bien. En las minas trabajan chicos desde los 14 años y aún hoy la esperanza de vida de un minero es de entre 50 y 55 años.


Cuando se visita la mina, es común llevar hojas de coca y bebida a los mineros. También se puede comprar nitroglicerina para llevar a los mineros o para hacerla explotar. Cualquiera puede comprar todo el explosivo que quiera y por dos duros. Nosotros compramos un poco y el guía nos enseñó a hacerla explotar. Detonamos medio cartucho de dinamita dentro de la mina y uno entero fuera. La explosión de dentro fue la mejor, porque retumbó mucho más. La verdad es que mola explotar cosas. Lástima que no dejen llevar dinamita a casa. Sé que algunos compañeros de trabajo le darían un buen uso.


Después de liberar tanta adrenalina nos llevaron a una laguna de aguas termales, donde pudimos relajarnos cubriéndonos de lodo. Se nos quedó un cutis finísimo.


Pasamos todo el día con un padre y su hijo de 16 años, que eran a cada cuál más personaje. Eran de EE.UU., pero de origen latino, y vivían en Costa Rica. El padre le suministra diariamente marihuana al hijo, amén de otras sustancias ocasionales, pero el hijo fumaba tabaco a escondidas porque eso es malo para la salud. Estaban los dos bastante pasados de rosca. Su intención es acabar su viaje en Suiza, donde pretenden encontrar un tesoro. Incluso les enseñaron el mapa con la X a los más afortunados de nuestro grupo.


En fin, personajes que uno conoce viajando...

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