sábado, 27 de marzo de 2010

Villa Traful y la vuelta a Bariloche

El jueves madrugamos un poco para emprender el camino de vuelta a Bariloche desde San Martín de los Andes por una ruta que nos recomendó el dueño del albergue. El inconveniente de esta ruta era que el camino es casi todo pistas de tierra, pero supuestamente iba a merecer la pena por lo bonito del paisaje. Ni cortos ni perezosos partimos de San Martín hacia el primer hito de nuestro camino, el lago Meliquina, del que habíamos oído maravillas de nuestro asesor.

Esto es todo lo que vimos del lago Meliquina:


Salvo por la niebla, pequeño detalle, parecía bonito...

Más adelante, a Miguel se le ocurrió desviarnos un poco de la ruta para ver el lago Filo Hua Hum. Ya el nombre prometía, pero tras el fiasco del lago anterior, íbamos mentalizados y con las expectativas bajas. Afortunadamente, el lago resultó ser precioso. Diría que es el que más me ha gustado de los 183 lagos que hemos visto en estas dos semanas y pico de viaje. El cielo se había despejado y pudimos contemplar cómo el paisaje se reflejaba en sus aguas, totalmente en calma. La foto no le hace justicia, pero aquí está:


Nuestro siguiente objetivo era Villa Traful, un pueblecito de montaña a la orilla del lago Traful. Aquí la originalidad en los nombres brilla por su ausencia e incluso suele haber nombres repetidos. Todos los pueblos tienen los mismos nombres de calles: San Martín, 9 de Julio, P. Moreno... Nunca fallan.

El camino que nos llevaba hasta Villa Traful era una vez más un camino de cabras al más puro estilo rally, con el agravante de que esta vez también había cuestas bastante pronunciadas. No sabemos cómo Correntoso (el coche de alquiler) pudo sobrevivir a tanta tralla. De hecho nos dio un susto porque paramos en una gasolinera y el maletero no se abría. Menos mal que a falta de maña, la fuerza bruta funcionó.


Por fin nos acercábamos a Villa Traful. Un cable que compramos para enchufar mi reproductor de música al equipo del coche nos salvó la vida. Ya nunca más tuvimos que escuchar a Alex Ubago, Marta Sánchez y compañía. Fue un alivio, porque ya empezábamos a sabernos las canciones del CD maldito de memoria.

Aquí una imagen del precioso lago Traful:


En Villa Traful comimos algo disfrutando del paisaje. Nos quedamos con ganas de darnos un baño en ese lago tan azul. Otra vez será.

El camino de vuelta cruzaba por un paisaje mucho menos verde que al que estábamos acostumbrados por esa zona. Ahora era mucho más rocoso, seco, casi lunar.


Aquí se ve un poco a Correntoso cabalgando por las carreteras (al fin asfalto) argentinas:


Ya en Bariloche tuvimos que devolver a Correntoso mientras se nos moría un trozito de corazón. Después de tantas aventuras juntos, tantos baches, tantos miradores... La verdad es que le habíamos cogido cariño a ese Corsita blanco.

Salimos a cenar carnaza (un bife de chorizo tremendo y muy bueno) y después fuimos a tomar algo, pero parece que la noche de los jueves barilocheros no es lo más animado del mundo. Lástima. Nos fuimos a dormir.

Hoy ya estamos de vuelta a Buenos Aires y por fin tengo el blog al día.

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