Aviso antes de nada de que a Pablo y Carla no les va a hacer mucha gracia esta entrada del blog, así que chicos: si queréis ahorraros un disgusto, dejad de leer.
El martes por la tarde llegamos a El Calafate. Después de llegar en autobús al albergue equivocado (por algún motivo en un pueblo minúsculo hay dos Marcopolos) y tener que cruzar un descampado en cuesta con nuestro equipaje a la espalda, llegamos a nuestro alojamiento. El sitio está muy bien. Parece un hotel reconvertido a albergue o un albergue destinado a convertirse en hotel. No hay literas, sino camas (todo un lujo después de lo de Ushuaia) y hasta tiene servicio de habitaciones. Compartimos habitación con una pareja de murcianos muy murcianos. Llevan un bote de líquido de lentillas de litro y medio y una amplia colección de calzado para todas las ocasiones. Por lo demás son majetes.
La tarde la dedicamos a planear nuestra estadía en El Calafate, alquilar unas botas altas para la excursión al glaciar Perito Moreno (lecciones aprendidas) y comprar algo para hacer de cena en el albergue.
A la mañana siguiente nos hicieron madrugar para ir al glaciar. Lo bueno es que por el camino vimos amanecer en un paisaje precioso, con los Andes de fondo. Para Carlos A. y Diego M., los Andes son unas montañas.
Aquí todo está alejado, pero finalmente se escuchó un sonoro "oooooh" en el autocar cuando al salir de una curva divisamos por primera vez esa gigantesca masa de hielo que es el Perito Moreno. Nos dijeron la extensión que tiene, pero a mí si no me hablan en "campos de fútbol", me pierdo. Lo que más llama la atención en comparación con otros glaciares es que termina con una pared vertical de 60 metros de la que periódicamente se desprenden pedazos. Tuvimos la suerte de ver alguno de esos pedazos caer y es espectacular. Las dimensiones son tales que el ruido estremecedor te llega cuando el bloque ya está en el agua y únicamente se ve el oleaje que ha generado.
Podría decir (con miedo a equivocarme) que el Perito Moreno es el monumento natural más espectacular que he visto en mi vida, después de aquella vez que me crucé por la calle con Nuria Roca.
Después de un paseo por unas pasarelas de mirador-foto-mirador-foto, nos llevaron en barco hasta la base del glaciar. Allí nos separaron en dos grupos. El nuestro era el de la gente de "habla no inglesa", como dicen los Glow. Después de un paseito, nos pusimos los crampones y comenzamos la caminata sobre el hielo del glaciar.
El paseo sobre el hielo duró unas cuantas horas y acabamos agotados por el peso de los crampones, pero sin duda el esfuerzo merece la pena. Además, nos hizo un día de los de las fotos de los folletos. La sensación de caminar sobre tal espectáculo de la naturaleza es increíble. Te sientes realmente pequeño en ese escenario de hielo.
Durante la marcha vimos grietas de un color azul intenso de las que no se alcanzaba a ver el final, cuevas, riachuelos... Realmente una experiencia increíble muy recomendable. Para los interesados, la excursión se llama Big Ice. El momento cumbre del día fue cuando dos de los guías lanzaron al vacío de una cueva una piedra enorme (entre los dos no podían con ella). La piedra estuvo sonando un buen rato mientras caía a las profundidades del glaciar. Impresionante. A ver si se oye en el vídeo que grabó Miguel.
A la vuelta nos invitaron a un whisky servido con hielo glaciar, que aunque a mí no me gusta el whisky, entró de maravilla después de tanta paliza y tantas emociones.
NOTA: Para ver las fotos de la excursión os recomiendo echarle un vistazo al blog de Miguel. Estoy con el móvil y no puedo subir fotos. Disculpen las molestias.
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1 comentario:
Muy bonito, muy bonito... ¿ahora no te olvidas las botas eh?.
En fin, seguir bien.
Recuerdos a Pollo.
Bye
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