A la vuelta nos compramos unos filetazos para cocinarlos en el albergue. Nos costaron entre poco y nada, y estaban de vicio. Por la noche salimos a tomar algo con pocas pretensiones, pero como suele pasar en esos casos, la cosa se lió y acabamos saliendo de un bar de reagge a las mil y pico.
Al día siguiente nos dirigimos a El Bolsón, pueblo conocido por su ambiente hippie. Lástima que la gente confunda 'hippie' con 'mugriento'. Los dos primeros "albergues" (por así llamarlos) eran para verlos. Incluso en uno olía 'divertido'.
Afortunadamente encontramos acomodo en uno más decente. En realidad era la casa de una pareja mayor que alquilaba las habitaciones. Allí conocimos a cuatro bonaerenses con los que congeniamos muy bien. Por la noche hicimos un 'asado' con ellos. Los angelitos compraron nada menos que 4 kg de carne. En este país no se andan con chiquitas.
Aquí se me ve con Iván, el maestro parrillero, y con media vaca:
La noche pasó entre carne, vino, fernet (esa bebida que sólo un argentino es capaz de beber), historias y risas. Pollo también participó y acaparó casi tantas fotos y comentarios como el trozo de 3 kg de tapa de asado. Lo pasamos muy bien y quedamos en reencontranos en Buenos Aires en el fin de semana. Entre otras cosa nos contaron que habían viajado desde Buenos Aires (25 horas conduciendo) en un Chevrolet del 70 y algo. Aquí podéis ver el bólido:
A los pobres el coche se les estropeó cuando quedaban 8 km para llegar a El Bolsón. Miguel y yo no sabemos si es mala suerte que se les estropease tan cerca del destino o si es un milagro que llegase hasta allí.
Al día siguiente partimos hacia el cerro Tronador. Sé que más de uno de los lectores de este blog pensará que lo nombraron así en su nombre, pero en realidad se debe al ruido que hacen los bloques de hielo que suelen caer desde la cumbre por los precipicio sus laderas. El camino es todo de tierra con baches y más baches. Justo antes de llegar, nos encontramos con un glaciar negro.
Que conste que es un glaciar igual de bonito que los blancos. Sólo que es "especial" en cierta manera...
Ya empezamos a estar cansados del CD que nos encontramos en el coche de alquiler, titulado "Varios - Música Latina 1". La selección comprende temas tan... así como La loba de Shakira, uno de Marta Sánchez con Carlos Baute (?), La Oreja de Van Gogh, Ella baila sola... Y eso es lo que conocemos. Como os imaginais, disfrutamos de cada acorde. Lo malo es que con el terreno montañoso que hay por aquí, es difícil escuchar alguna emisora de radio en cuanto sales de los pueblos principales.
Al probre coche de alquiler le estamos metiendo por cada camino de cabras que da pena. Es un Corsita al que le hemos puesto nombre y todo: Correntoso (por un río de por aquí que cruzamos).
Nuestro siguiente objetivo es la Ruta de los 7 lagos. El primer lago es el que baña el puerto de Villa la Angostura:
Seguimos viendo lagos y más lagos por un camino parecía más un campo de minas que otra cosa, por la cantidad de socabones que tenía. El pobre Correntoso aguantó como pudo, aunque se notaba por la cantidad de mierda que acumulaba sobre su carrocería que no se trataba de un coche de exposición. Por lo demás, parecía una pieza de coleccionista. Nos preguntamos cómo sus amortiguadores pueden aguantar tal envite.
La noche la pasamos en San Martín de los Andes, que es un pueblecito a la orilla de un lago donde veranea gente de nivel de Argentina. La verdad es que el pueblo no tiene mucha historia, pero se nota que está más cuidado y ordenado que el resto. Fuimos a cenar a un restaurante para probar la carne de ciervo, típica de la zona. La cena estuvo muy bien, aunque siempre la recordaremos por la conversación de las cuatro mujeres que la mesa de al lado. Aquello parecía Sexo en Nueva York (Sex & the city), pero versión sanmartinera. Que si una había estado 5 años fingiendo en la cama, que si otra lo primero que miraba era si el tipo tiene coche, que si una salía con un petrolero (que es factor de riesgo por ser un gremio putero) pero se cuidaba, que otra quería engañar a su novio para que la dejase embarazada... En fin, sin desperdicio. Después de aquello, nos fuimos a dormir deseando no tener pesadillas.
Al día siguiente hicimos un camino que se adentraba en un asentamiento mapuche. Los mapuches eran los antiguos pobladores de la zona. Algo así como los chulapos en Madrid. El camino llevaba a un mirador desde el que se ve San Martín y luego a una islita. Aquí se nos ve a los tres refrescándonos los pies en la gélida agua del lago:
Por la tarde vistamos la península de Quila Quina, que es un cacho de tierra que se adentra en el lago llena de vegetación, un muelle, un camping y poco más. El paisaje es muy bonito y lo aprovechamos para montar en canoa:
Después queríamos volver a Bariloche, pero se nos hizo tarde y sensatamente optamos por prolongar un día más el alquiler del coche y quedarnos en San Martín una noche más.

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