jueves, 17 de septiembre de 2009

Kyoto II: sin rastro del protocolo

Ayer lo dediqué a la zona oeste de Kyoto. La primera parada fue el bosque de bambú. Como su propio nombre indica, es un bosque formado por troncos gigantes de bambú. Bueno, creo que son gigantes, porque no conozco el tamaño estándar del bambú. Al menos es más grande que el bambú de la ternera con bambú y setas chinas.

Estos días estoy conociendo tanta gente que directamente doy por imposible recordar sus nombres y mentalmente les pongo apodos. Mientras recorría el bosque de bambú me encontré con un chico de Portland con el que coincidí en el albergue de Osaka y al que había apodado "el mono", ya que se al reirse enseñaba los dientes como un los monos. Nos saludamos y acto seguido no se le ocurre otra cosa que preguntarme que si había visto algún mono por allí. Me aguanté la risa como pude y le dije que no. Me dijo que había visto un cartel prohibiendo alimentar a los monos. Pobre, se morirá de hambre...


Siguiendo el camino me encontré con este pájaro que estaba intentando pescar algo. Con un poco de paciencia conseguí cazarle en pleno ataque:


Me volví a subir al tren, esta vez para dirigirme a visitar el templo estrella de Kyoto y creo que de todo Japón, que no es otro que el templo dorado que no recuerdo cómo se llama:


La mujer que sale a mi lado es una espontánea que quería salir conmigo en la foto. Como su amiga era la que tenía mi cámara, no le pude decir que no.

La visita a este templo está llena de excursiones de colegios. Hay pequeños Shin-Chanes por todas partes, todos vestidos igual, con su sombrerito amarillo. Cuando iba a entrar, un grupo de niños me saludó y yo amablemente les devolví el saludo. Acto seguido, uno de los niños me pidió que le chocase las cinco: "Touch! Touch!". Por su puesto le choqué y a partir de ahí vino la locura, ya que TODOS los niños de la clase querían chocar las cinco con el atractivo occidental. Uno por uno (y eran unos 30) fueron chocando ante la estupefacta e impotente mirada de sus profesores. Incluso cuando hubieron acabado vinieron cuatro o cinco de otro grupo. Ya sé cómo se siente Cristiano Ronaldo cuando sale a comprar el pan.

De vuelta a la estación de tren entré en otro templo que es patrimonio de la humanidad. Resulta que el único motivo de ese honor es un jardín zen que tiene dentro.


Y con esto he superado con creces mi presupuesto vitalicio para gastar en cosas zen.

Japonsejo: procura comprobar la hora de cierre de los sitios antes de meterte la pateada.

Ya de vuelta en Kyoto fui a visitar el castillo de Nijo. Para mi desgracia, cerraba en 5 minutos, así que lo dejaré para la próxima vez que venga a Kyoto. Para sacarle partido a la caminata, hice la visita de rigor al metro de Kyoto:


Con este y el de Osaka ya sumo un total de 29 metros. Cuando monte en el de Tokio la semana que viene, llegaré a la mágica cifra de 30 metros visitados. ¡Y los que me quedan!

Después de descansar y darme una ducha en el albergue, me animé a salir a cenar y dar una vuelta por el centro. Al parecer los jóvenes kyotinos (?) acostumbran a juntarse a charlar, tomar algo, tocar música y divertirse en la orilla del río, como si del Sena de París se tratase. Allí conocí a un grupo de japoneses extranjeros que me invitaron a unirme a su grupo. Con el que más hablé fue con un japonés de 1,90 m que se llamaba Shin-Chan, como el de los dibujos. Iba un poco borracho porque se estaba bebiendo una botellita de vino blanco japonés que olía a rayos. Curiosamente he encontrado una imagen que refleja perfectamente su situación:


El resto del grupo lo formaban una pareja de japoneses, otro japonés que hablaba "un poquito" de español, un francés con un tambor que hablaba japonés y un tipo de California que era un poco corto. Después se unió un español que era un imbécil y que también hablaba japonés. Después del río fuimos a un club cercano que se llama Metro. El sitio estaba muy bien, pero la mitad éramos extranjeros, lo que le resta encanto.

Japonsejo: no vayas a un bar que salga en la Lonely Planet esperando que sea genuinamente japonés.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Viendole las cejas, me estoy dando cuenta que te das un cierto aire a Sin-Chan.

Héctor dijo...

Cuando te vea, te vas a enterar... Anónimo.