Después de la salida nocturna de ayer, hoy me he despertado tarde. Así de paso me voy acostumbrando al horario español. He salido del albergue y he ido dando un paseo hacia Akihabara con la intención de comprarme un nuevo y flamente reproductor MP4. Espero que con él se acaben las burlas que suscitaba el antiguo.
Por el camino he pasado por una especie de mercadillo, donde hemos encontrado al primo japonés de Pollo. Se llama Pollo-san y es muy majo, aunque bastante ruidoso.

He hecho una parada técnica en un maid cafe, que es una especie de cafetería en la que las camareras van vestidas de sirvientas y les dicen tonterías a los clientes poniendo "voz de anime" (voz de pito, para que nos entendamos). Estaba prohibido hacer fotos, pero yo he robado esta:

Allí esperaba encontrarme grupos de hombres, pero todo lo contrario. La clientela la conformaban sobre todo parejas. Incluso había una madre con su hija. A mí no me ha convencido demasiado el lugar, sobre todo porque al no saber japonés, no me enteraba de nada de lo que decían las chicas.

En Akihabara es normal ver por la calle a chicas disfrazadas repartiendo publicidad o invitando a los clientes a entrar en sus establecimientos.

Se pueden encontrar tanto megatiendas de varias plantas con lo último en tecnología, como pequeñas tiendas de artículos de segunda mano, componentes de electrónica, tiendas especializadas en vigilancia o iluminación... Estas pertenecen al segundo grupo:

Una vez terminadas las compras, inicié el camino de vuelta al albergue. Como me pillaba de paso, paré en la zona del templo Senso-ji, que ayer no puede disfrutar como se merece por la cantidad de gente que había. Por la noche estaba mucho más tranquilo, y los templos iluminados tienen su magia.

He estado dando una vuelta por allí, callejeando, viendo los puestos... De repente, me he encontrado caminando por una callecita poco iluminada en la que había un montón de indigentes. Llevaba la cámara de fotos en la mano, la mochila y pinta de turista a tope, pero ni siquiera se me ha acercado nadie. Aquí los indigentes van a su bola, nunca te piden nada ni te molestan. Esto puede dar una idea de lo seguro que es Japón. Si en esa calle no me ha pasado nada, difícilmente me pasará en ningún otro sitio.
Como ayer salí tan satisfecho del restaurante de sushi, hoy he decidido repetir experiencia para cenar. En el sitio al que he ido hoy no había la típica cinta por la que van pasando los platos, sino que había que pedirle lo que quisieras al cocinero directamente. Otra diferencia es que las raciones eran de una sola pieza de sushi en vez de dos, como son normalmente. Para compensar, los trozos de pescado eran enormes. Supongo que es mejor porque así no te llenas tanto de arroz.
En esta foto se ven dos piezas de atún, dos de salmón y una de anguila:

Para cerrar la cena y por lo tanto el viaje, he pedido una pieza del atún más caro de la carta. Se diferencia del atún normal en que tiene vetas de grasa, como si de jamón serrano se tratase. Desde luego se trata de un manjar digno del mismísimo Poseidón. En la foto podéis verlo. A mí todavía se me hace la boca agua al recordarlo.

Ahora estoy en el albergue haciendo tiempo para que llegue la hora de ir al aeropuerto. Prefiero no dormir para luego poder dormir en el avión. A ver si me sale bien la jugada.
¡Nos vemos en Madrid!

4 comentarios:
gggggggggghhhhhhhhhhhhhmmmmmmm....
mucho animo para el lunes!!.
PD: Tu ex-Ipod no esta nada mal (yo tengo el mismo)
Ya... Lo único malo era el tamaño y que se pausaba la música cada vez que se movía la clavija de los auriculares.
Queremos actualizaciones de Argentina!
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