viernes, 18 de abril de 2008

Isla de Pascua

El final de mi estancia en Papeete fue bastante divertida porque llegaron al hostal un japonés y un inglés con los que hice buenas migas. Además, el japonés había contactado por internet con un francés que vivía en Papeete y que resultó ser un tío de lo más enrollado. Por la tarde nos llevó en coche a una playa desde la que se ve el mejor atardecer, con la isla de Moorea al fondo. Él se fue a trabajar y nos dejó allí. Es increíble lo cristalina que es el agua en esas playas y lo bonitas que son, con sus palmeras y sus cocos. Cuando se había puesto el sol, el amigo francés apareció con unas cervezas fresquitas que nos tomamos en la misma playa, a la luz de la luna. ¡Todo un lujo!

Después nos dejó en el hostal para que nos duchásemos y quedamos con él para cenar. En el colmo de la amabilidad, me acercó en su coche al aeropuerto. Lamentablemente mi vuelo se retrasó casi dos horas. Menos mal que conseguí dormirme un rato en los sofás del aeropuerto, porque ya no tenía nada que leer. Sé que mi compañero de piso chileno estará orgulloso de mí cuando diga que me he leído un libro entero. ¡No sé cuántos años hacía que no conseguía tal hazaña! El libro afortunado ha sido Un mundo feliz (gracias, Diego).

Al final he llegado un poco más tarde de lo previsto a la Isla de Pascua, pero aún así he conseguido planificar un poco mi estancia y a dar un paseo hasta la zona arqueológica de Orongo. Desde allí se ve un cráter impresionante, con lagunas en el fondo. Por lo visto el cráter tiene un microclima propio, y dentro se dan especies de plantas únicas.

Parece mentira, pero después de casi tres semanas hablando en extranjero, cuando quiero dirigirme a alguien, mi primer impulso es hacerlo en inglés o "francés". Después me doy cuenta de que estoy en territorio chileno y tengo que cambiar el chip. A ver si me pasa durmiendo en una cama de verdad...

No hay comentarios: